Desde la terraza del aeropuerto
veo a este avión enorme rodar hacia la cabecera
de la pista
su lenta y programada marcha
de gran insecto que con fría majestad
arrastra sus alas gigantescas
y su trepidante tabaco que inclinado
sobre los testículos de sus dos ruedas traseras
semeja un miembro en erección
listo para abrir la herida del infinito

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